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Por Sofía Berlanga Reetto, 6º año Alumnos de la Escuela Herminio Almendros |
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David era un niño que estaba en silla de ruedas. Su piel parecía de plástico claro, sus grandes sueños eran, número uno: dejar su silla de ruedas y poder caminar; número dos: tener una novia bonita y número tres: ser popular. Un día sus papás lo cambiaron de escuela y en ese momento pudo saber que ninguno de sus sueños se iban a cumplir y justo en ese instante llegó una niña y le dijo: -¡Hola!, soy María. -¡Hola!, soy David, -y así empezaron a platicar y María lo invitó a su casa. En el camino vieron un letrero que decía: GRAN CARRERA, viernes 12 de agosto. María estaba lista para entrar, pero acordándose de David, pensó: "pobre David, él no puede participar". Por la noche David, que creía mucho en fantasías, vio pasar una estrella fugaz y pensó: "deseo, aunque sea por un solo día, caminar como un niño normal" -y sorprendentemente la estrella dijo: -Puedo concederte ese deseo, pero como todos los sueños, no puede durar para siempre. -¡Gracias, Estrella! -Respondió David - ¡Quiero caminar el 12 de agosto!... Y llegó el día esperado. Casi
todos los niños de la escuela estaban inscritos y David llegó
justo a tiempo, dejando a todos con la boca abierta, estaba parado
de pié. De repente el altavoz anunció: TODOS
LOS NIÑOS QUE QUIERAN PARTICIPAR, DIRÍJANSE A LA LÍNEA
DE SALIDA. Comenzó la carrera,
David comenzó a correr con todas las ganas del mundo, y como
menos se esperaba, él ganó. Se volvió popular,
estaba de pié, sólo faltaba algo, y así David fue
corriendo hacia donde estaba María y dijo: -¿quieres ser
mi novia? -¡Sí! -Respondió María muy alagada. |